La migración es tan antigua como la humanidad, pero pocas veces ha estado tan cargada de prejuicios, titulares sensacionalistas y discursos fáciles. Cada vez que se acerca el Día Internacional del Migrante, me doy cuenta de lo urgente que es hablar del tema con datos reales y, sobre todo, con humanidad.
En los últimos años he trabajado en un centro de protección internacional, acompañando a personas que llegan a España tras huir de guerras, persecución o situaciones imposibles. Lo que he visto ahí desmonta, día tras día, muchos de los mitos más repetidos en la calle y en redes.
Hoy quiero contarte qué hay realmente detrás de esas falacias.
La migración en cifras: ni invasión, ni novedad, ni amenaza
A mitad de 2024, había 304 millones de migrantes internacionales en el mundo — apenas el 3,7 % de la población global. Mucho ruido para tan poco porcentaje, ¿no?
En cuanto al desplazamiento forzado, el dato que más duele:
🔸 123,2 millones de personas estaban desplazadas en 2024 por guerras, violencia o persecución.
🔸 Entre ellas, 42,7 millones eran refugiadas reconocidas.
Estos números no hablan de “oleadas” ni “invasiones”; hablan de supervivencia.

Falacia 1: “La mayoría de migrantes vienen de forma irregular o ilegal.”
Esto va a depender de si el foco es global o nacional.
En España, una parte relevante de las personas migrantes entra inicialmente por vías irregulares, especialmente en los últimos años. Según datos del Ministerio del Interior y organismos internacionales, entre el 60 % y el 70 % de las nuevas llegadas recientes lo han hecho por vías irregulares, principalmente por ruta marítima. Es decir: la entrada irregular existe y no es marginal.

Muchas entradas irregulares se deben a la falta de vías seguras, a la urgencia vital o a visados que caducan sin posibilidad real de renovación. La mayoría de estas personas (en torno al 88%) acaban entrando en procesos administrativos de regularización, trabajan, cotizan y forman parte del tejido social; lo que supone un 12% que no consiguen regularizar su situación.
A nivel mundial, las estimaciones de Naciones Unidas sitúan que alrededor del 20 % de las personas migrantes internacionales se encuentran en situación administrativa irregular, mientras que aproximadamente el 80 % reside, trabaja o estudia bajo algún tipo de permiso, estatus legal o proceso de regularización.
Lo que ocurre es que la narrativa pública se queda solo con el momento más visible y vulnerable del proceso —la llegada— y no cuenta lo que viene después: trámites, empadronamiento, formación, empleo, integración.
Desde dentro de los recursos de acogida, lo que veo no es descontrol, sino procesos largos, burocráticos y extremadamente regulados, donde nada ocurre “porque sí”. Esperar 7 u 8 meses para recibir una resolución de extranjería se ha vuelto habitual, teniendo en cuenta que la Ley española establece un plazo máximo de 3 meses. Es decir, nuestro propio sistema provoca la prolongación de esta situación.
El mito no es que exista migración irregular en mayor o menor medida; sino que esa irregularidad implique amenaza real.
Falacia 2: “Migrar es una elección. Vienen porque quieren.”
Para millones de personas, migrar no es un deseo, es un último recurso. Nadie se juega la vida cruzando fronteras por capricho. Mundialmente, la migración forzosa conocida asciende a entre un 15% y un 17% de la población migrante.
Los principales motivos migratorios según diferentes regiones:
- América Latina: crimen organizado, maras, narcotráfico, extorsión, reclutamiento forzado.
- África Subsahariana: conflictos locales, pobreza extrema, impacto climático, Estados frágiles.
- Oriente Medio: Siria, Yemen, Palestina, Irak: conflictos armados clásicos.
- Asia Meridional y Sudeste Asiático: migración laboral masiva + focos de conflicto (Myanmar, Afganistán).
- Europa del Este: guerra en Ucrania y efectos regionales.
- Norte de África: países de origen y tránsito (Libia, Túnez, Marruecos).
- Centroamérica (Triángulo Norte): El Salvador, Honduras, Guatemala y la creciente violencia de pandillas.
A nivel mundial, la mayoría de la migración es laboral y familiar (50 – 65%); la migración forzada por violencia y guerra es minoritaria en porcentaje, pero enorme en impacto humano.
Cuando escuchas historias de bombardeos, amenazas constantes o desapariciones, entiendes que la migración no surge del deseo de “buscar algo mejor”, sino de evitar algo peor. Os prometo que el impacto emocional es tan profundo, que la mayoría de personas desconfían al principio de los equipos multidisciplinares que les atendemos por miedo a represalias.
Falacia 3: “Los migrantes viven de ayudas y generan gasto.”
Sin duda creo que la más extendida y la más usada para justificarse.
Pero voy a pinchar el globo: la mayoría de prestaciones requieren años de residencia legal, empadronamiento y cotización. Esto es para autóctonos y migrantes.
Sin embargo, en España y en el conjunto de países de la OCDE, los estudios coinciden: el impacto fiscal de la migración es neutro o positivo. Es decir, pagan impuestos, cotizan a la Seguridad Social y sostienen servicios públicos que, paradójicamente, muchas veces apenas pueden usar durante años.
Desde los recursos de acogida y, hablo de nuevo desde la experiencia; lo que se observa no es dependencia, sino urgencia por trabajar, regularizarse y ser autónomos (en cuanto a la vida diaria). La mayoría de personas no quiere ayudas: quiere un contrato, estabilidad y normalidad.
El verdadero problema no es el gasto en acogida, sino los retrasos administrativos que impiden trabajar legalmente durante meses, empujando a muchas personas a la economía informal.
Falacia 4: “No quieren integrarse.”
La integración no es una actitud, es un proceso. Requiere tiempo, recursos, apoyo y oportunidades reales.
Lo que he podido observar personalmente:
- Personas con una fuerza brutal por rehacer su vida.
- Ganas de aprender el idioma. Los niños, como sabemos, tienen una habilidad increíble en cuanto a rapidez de aprendizaje.
- Deseo irrefrenable de conseguir estabilidad y normalización.
El problema muy pocas veces es “falta de voluntad”, sino barreras invisibles: miedo, trauma, burocracia, racismo, soledad, falta de redes.
Conclusión: Cuando somos nosotros los que nos vamos.
Según el Instituto Nacional de Estadística, más de 3,04 millones de personas con nacionalidad española vivían en el extranjero a 1 de enero de 2025, la cifra más alta desde que se registra el padrón de españoles en el exterior, tras crecer un 4,7 % respecto al año anterior.
En cuanto a regularizar la situación legal en destino, aunque no existe una estadística global homogénea como la que tenemos aquí sobre personas que llegan a España, sí sabemos que la mayoría de españoles que emigran lo hacen rumbo a países de la OCDE con sistemas claros de visas de trabajo, residencia o reagrupación familiar. Un informe de la OCDE indica que alrededor de 80 000 españoles emigraron a destinos frecuentes como Alemania, los Países Bajos y Francia, donde suelen entrar con permisos laborales o de residencia legal desde el inicio.
Este contraste cuantitativo nos ayuda a ver que regularizar no es algo exclusivo ni “fácil” ni “difícil” de un solo lado: tanto quien llega como migrante a España como quien sale desde aquí a trabajar o estudiar en el extranjero, termina anclando su situación legal mediante permisos, contratos y procesos administrativos largos, no por atajo o privilegio, sino porque ese es el camino normativo de todos los Estados.
Al final migrar se trata de oportunidades, seguridad y futuro; no de quién lo hace y desde dónde.
Fuentes Visitadas:
- Datos actualizados sobre inmigración e inmigración en España y en el mundo. Análisis por tipo de residencia, procedencia, movimientos legales e irregulares, y evolución de las principales tendencias demográficas.
- Estadística de Migraciones y Cambios de Residencia (EMCR). Año 2024.
- Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones.

